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Fraudes, estafas y otros actos indebidos son
una realidad en el mundo empresarial y
reportan importantes costes adicionales a
las organizaciones, tanto por los daños
causados directamente como por la necesidad
de mantener unos adecuados sistemas
de control.
Las actuaciones irregulares que se
producen en las empresas siempre se han
caracterizado por su secretismo y discreción,
lo que dificulta el conocimiento de
esta cuestión y se tenga que recurrir a
encuestas y estimaciones ante la carencia
de datos oficiales y la confidencialidad de
los estudios internos de las entidades. Por
otra parte, prácticamente todos los días
aparecen en los medios de comunicación
referencias a actos fraudulentos que
ponen de manifiesto este problema, aunque
con ciertas reservas derivadas tanto
de la confidencialidad de las empresas
como de la relevancia informativa de
casos e implicados.
La apropiación y el desvío de fondos
suele ser el fraude más frecuente en
todo tipo de empresas seguido de otros
actos indebidos como estafas, irregularidades
contables, delitos informáticos, fraude
fiscal y blanqueo de capitales. Además, las
empresas se ven afectadas por expedientes
a consecuencia de irregularidades en subvenciones,
casos relacionados con la libre
competencia, asuntos laborales, etc. También
los medios de comunicación ponen de
manifiesto otras actuaciones cuestionables,
como abusos en las retribuciones.
En relación con los mercados financieros
hay que destacar las cuantiosas pérdidas
habidas en esta actividad, debidas tanto a
una operativa desafortunada o la marcha
negativa de los mercados como a operaciones
indebidas o fraudulentas de operadores.
Las irregularidades más características
en esta actividad hacen referencia a estafas
a inversores, fraudes bursátiles e información
privilegiada. Con motivo de pérdidas
e irregularidades las empresas tienen
que sufrir cuantiosos gastos adicionales
con motivo de sanciones y reclamaciones.
En las entidades de crédito se pueden desarrollar
los mismos actos indebidos que en
cualquier otro tipo de empresas; ahora
bien, las características propias de la actividad
bancaria, por la diversidad y exclusividad
de sus operaciones y los numerosos
riesgos existentes, hacen que en este sector
aparezcan fraudes internos específicos,
como irregularidades en la actividad crediticia
y la banca paralela, o actuaciones
fraudulentas efectuadas por delincuentes
aprovechando la complejidad del sector
para tratar de obtener dinero mediante
cheques, recibos o falsificaciones de documentos
mercantiles.
Todas las encuestas y estimaciones
ponen de manifiesto que el fraude interno,
el realizado por personas vinculadas con
las empresas, es el que tiene mayor incidencia
en las organizaciones, debiéndose
menos de una cuarta parte de las irregularidades
a agentes externos, como proveedores,
clientes y delincuentes profesionales.
En relación con los autores de las irregularidades
en las empresas hay que destacar
que más de la mitad de las estafas son
cometidas por directivos de las mismas. Se
tiene que tener en cuenta que las personas
con bastante poder pueden influir en sus
organizaciones para obtener un provecho
personal, pudiendo, además, ordenar la
justificación de sus acciones indebidas a
cargo de la sociedad o su encubrimiento
para que pasen desapercibidas. La delincuencia
económica o de "cuello blanco" es,
por su propia naturaleza, de difícil investigación
ya que, con independencia de las
posibles influencias de los directivos o
administradores para camuflar sus operaciones
indebidas o ilícitas, se utilizan
medios que no están al alcance de cualquier
empleado, como testaferros, entidades
instrumentales o interpuestas, paraísos
fiscales, sofisticadas técnicas de ingeniería
financiera, etc.
Julio Fdez-Sanguino Fernández.
Doctor en
CC. EE. y Empresariales |
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